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¿Está mal no desear más?

Foto del escritor: Mayra Hernandez
Mayra Hernandez
3 sept
3 min de lectura
Cuando nos presionamos por las expectativas de otros

Todas las decisiones tienen un precio a pagar: consecuencias que habremos de asumir idealmente por convicción propia y no por complacer a otros. Y sin duda atender tu voz interior cuando todos los que te rodean “aseguran saber” lo que es mejor para ti, se complica bastante… pero las opiniones y consejos externos sobre lo que se supone que sigue y el paso lógico que ya te estás tardando en ejecutar, son espejismos y expectativas deformes que para lo único que sirven es para alentar y complicar tu toma de decisiones. De todos aquellos que ahora te señalan por no haberte comprado ya el más reciente modelo de celular, te aseguro que NINGUNO te hará una transferencia bancaria para ayudarte a pagar la mensualidad.


Te podrán decir que te falta visión, que te falta ambición, que cómo es posible que ya no quieras crecer, que ya no desees más, que conformarse es de mediocres, que permanecer en la zona de confort está mal, pero… ¿qué hay de malo en querer disfrutar de aquello a lo que tanto esfuerzo te costó llegar? Si ya exploraste 345 opciones y cuando llegas a la 346 descubres que JUSTO AHÍ ES, ¿qué hay de malo en quererse quedar ahí y no seguir explorando la opción 347?


Está bien que te guste ser lo que eres, estar donde estás, tener lo que tienes y lograr lo que has logrado. Está bien que ejerzas sin culpa ni vergüenza tu poder de decir NO sin justificarte ni dar mayor explicación. Y no es mezquindad es EQUILIBRIO y MODULACIÓN: es tener conciencia de que encontraste tu lugar en el mundo, que ahí estás bien y que no te piensas mover porque al fin eres feliz. Esa claridad de que alcanzaste tu meta y que ya no deseas más, es la reina de todas las metas.


Si te encanta estar en mil doscientas cincuenta cosas al mismo tiempo, está perfecto… y si no, también está bien. Hay quieres traen en la sangre la necesidad subir y bajar todo el santo día, pero habemos quienes no y si nos obligamos a “parecer” lo que no somos tan solo por ceder a la presión o para encajar a la fuerza, lo vamos padecer y pagaremos las consecuencias de complicarnos la vida de a gratis. La competitividad insaciable y la aceleración constante, no necesariamente son la mejor opción para todos: cuestiónate si realmente es buena idea inscribirte a la “carrera” de querer más y más y más sin parar en algún punto para poderlo disfrutar.


El tiempo es finito y la existencia se acaba. Cuando estés en tu lecho de muerte, te aseguro que no te lamentarás por no haber trabajado más horas, por no haber estado más tiempo en el tráfico infernal de las horas pico, ni mucho menos por haberte perdido esa insípida reunión de negocios con tu muy odioso jefe; lo realmente deprimente, será que te arrepientas de no haber pasado más tiempo con tus hijos, de no haber conversado más con tus Padres, de no haber viajado más con tu pareja, de no haber jugado más con tus mascotas. Trabajaste años y años por la casa de tus sueños pero jamás tuviste tiempo para estar en ella y realmente disfrutarla en familia. Prioriza siempre el SER sobre el TENER, porque el orgullo no está en obtener sino en compartir…


¿Está mal no desear más?
Cuando nos presionamos por las expectativas de otros
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