¿Llorar es para débiles?

Mostrar tus emociones es una ventaja evolutiva
Qué los niños valientes no lloran porque se ven mal, que las niñas bonitas no lloran porque pierden la compostura… y tristemente crecemos sintiendo que somos muy valientes y fuertes por el hecho de no llorar delante de nadie y aún peor, tampoco nos lo permitimos ni siquiera cuando nadie nos mira. Para colmo, nos disculpamos cuando derramamos alguna lágrima al escuchar una canción, cuando se nos muere la mascota o leemos alguna frase que nos identifica: “ay perdón, una disculpa”. ¿Disculparte por ser y sentir?... no creo que sea la mejor de las ideas. La composición química de las lágrimas no es la misma si lloras de risa que de tristeza y las lágrimas de dolor, tienen un antidepresivo natural: así de maravilloso es el cuerpo humano.
Llorar no debería de colocarnos en un lugar de vergüenza o culpa por resultar no ser “lo suficientemente fuerte” porque no es esa su función: constituye una importante ventaja evolutiva al servir para demostrar a otros que necesitamos ayuda, empatía y apoyo, como algo básico para afianzar nuestro sentido de pertenencia a un grupo y como una importante herramienta de resolución de conflictos; y en el plano terapéutico, nos proporciona una sensación de alivio al soltar el llanto y sentir que algo dentro se ha liberado y hemos soltado una gran peso de encima nuestro.
Y en el terreno del género, se espera que los hombres la expresión del llanto sea mínima y solo como consecuencia de emociones como la agresión o la frustración por el contrario de las mujeres, en quienes es más aceptable llorar en público incluso a partir de felicidad en momentos especiales… qué peligroso es que las voces y opiniones a nuestro alrededor se nos graben a fuego en la cabeza convirtiéndose en un mini juez que nos vigila y regaña todo el tiempo, a tal punto que esté muy aceptado y aplaudido el hecho de que alguien diga “yo soy muy fuerte, por eso no lloro ni necesito nunca de nadie”… llorar nos relaja, tranquiliza y nos ayuda a procesar las emociones, haciéndole saber a tu cuerpo que estás dejando salir algo que te lastima y te hiere, por lo que inhibir el llanto puede derivar en trastornos emocionales y depresivos; recibir las emociones como información y no como el enemigo a vencer, te ayudará a gestionar su impacto e intensidad.
Enmascarar los verdaderos sentimientos fingiendo que todo está bien, solo genera culpabilidad y hasta nos hace pensar que algo anda mal con nosotros por no sentirnos felices y positivos todo el tiempo. Llorar nos distingue de una roca, así que date permiso de desahogarte y limpiar tu alma con las lágrimas del dolor y del perdón…

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